Imanol Murua, plaza-gizon.
Imanol Murua era un plaza gizon . Se presentaba a su pueblo con una mezcla de sencillez y dominio de la situación. El pueblo lo quería y él quería a su pueblo. Esa fue la clave de su éxito.
Yo tuve la suerte de trabajar con él. Él era diputado general de Gipuzkoa y yo el responsable de su gabinete, cargo a través del que pude conocerle bien y llegar a trabar una sólida amistad.
Mi primer encuentro con él no fue precisamente brillante. Eran los primeros años de la Orquesta Sinfónica de Euskadi en los que, a falta de mejores escenarios, solíamos colocar atriles y sillas en los presbiterios de nuestras magníficas iglesias parroquiales, o en los polideportivos de nuestros pueblos que se convertían así en templos no sólo del deporte sino también de la cultura musical.
Una de las actuaciones fue en Zarautz, precisamente en el polideportivo. Llegada la hora anunciada la Orquesta de Euskadi comenzó el concierto. Pasados pocos minutos se acercaron al recinto Imanol Murua y su esposa Maritxu y, al ir a entrar yo, como encargado de las relaciones públicas de la Orquesta, les dije que no podían hacerlo, que debían esperar a que la obra en ejecución concluyera; no protestaron y al escucharse desde fuera los aplausos, tras la interpretación de la primera de la obras, entraron.
Fue mi primer encuentro con él. Y no tuvo - ni tenía por qué tenerlo - repercusión negativa para mí; antes al contrario, cuando pasados varios años Imanol Murua fue elegido diputado general de Gipuzkoa, en el periodo 1987-91 me llamó y me ofreció el cargo de jefe de su gabinete
Antes de diputado general, fue diputado de Cultura, Educación, Deportes y Turismo. Al momento de aceptar el cargo se le presentó una duda de conciencia: ¿estaba preparado para ello? Y así se lo planteó a un amigo. Conocía el mundo de la educación porque en ella había desarrollado la principal actividad de su vida como profesor de la Escuela Profesional, como presidente de la ikastola Salbatore Mitxelena. En cuanto al deporte, él mismo era un decidido deportista y conocía las entrañas de las organizaciones deportivas desde la atalaya municipal.
Y en cuanto a turismo no era la asignatura peor aprendida: la concejalía primero y la Alcaldía de Zarautz después, le habían proporcionado abundante conocimiento de la problemática del turismo. ¿Pero la cultura? El complejo mundo de los artistas, escultores, pintores, literatos e investigadores constituyó su preocupación y en conocer las nuevas tendencias estéticas, las escuelas, las vanguardias y las últimas investigaciones, mundo sin duda complejo y sutil, puso todo su empeño.
Y lo consiguió. Ahí está como testimonio, su amistad y fluida relación con personajes del mundo de la cultura como José Miguel de Barandiaran, Koldo Mitxelena, Jorge de Oteiza, Gabriel Celaya, Néstor Basterrechea, Koldobika Jáuregi, Pedro Manterola y otros.
A iniciativa y decisión suya se debe que los patriarcas de la cultura vasca como José Miguel de Barandiaran y Manuel de Lecuona fueran nombrados Hijos predilectos de Gipuzkoa y tengan hoy sendos retratos en los salones de la Diputación. Que se adquiriera la biblioteca privada de Gabriel Celaya.
La creación de Arteleku, centro dedicado a las nuevas tendencias del arte. La puesta en marcha del Museo Naval en el rehabilitado edificio del Consulado del Mar. El homenaje a Pepita Embil. El monumento en acero y hormigón en memoria y homenaje a quien fuera director del Orfeón Donostiarra, Antxon Ayestaran. La restauración de la cúpula del Santuario de Loyola. La recuperación del edificio de la calle Urdaneta, para convertirlo en el actual centro Koldo Mitxelena. Casas de Cultura, renovación de edificios municipales…
Larga es la lista de realizaciones en bien de Gipuzkoa y obsérvese que las aquí citadas están directamente relacionas con la cultura, la temática de la que tuvo conciencia, como menos desarrollada.
Era un plaza gizon he dicho al comienzo, y las plazas de los pueblos lo saben muy bien. Recuerdo el cariño con el que le recibían en cada una de las poblaciones visitadas; las inauguraciones de los nuevos frontones, donde realizaba el saque inaugural con estilo propio de quien conocía, por experiencia, el arte y la técnica del juego.
Lo que conocía de verdad era su pueblo; y su pueblo lo conocía y lo quería.
Karmelo Arren.


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